INTRODUCCION
QUE ES LA NUEVA ERA?
Difícil dar una definición de ella, porque su identidad profunda aparece mimetizada tras múltiples rostros variables y confusos. Entre esos rostros, o si se prefiere, fachadas, están las religiosos paganas del extremo oriente, como el hinduismo, el budismo, el taoísmo, , el trantismo; pero también se hallan algunas religiones primitivas de los paganos, como las de los druidas ,los celtas, los arios y las de los incas; los aztecas y hasta chibchas.
La lista de rostros parece interminable: Metafísica, Goya, meditación trascendental, zen, control mental “rebirthing”, gnoticismo, teosofía, esoterismo, ocultismo, masonería, canalización o espiritismo, dianètica, cientologìa, psicología traspersonal, ciertas formas de bioenergesis, reiki, etc.
Tampoco faltas las fachas más groseras, como la astrología, la magia , el horóscopo, el tarot , los inciensos, las velas de colores, los cristales de cuarzo, la tabla uija, las cruces y anillos, “magnéticos”, los aromas, los inciensos la quiromancia, el voodoo, el chamanismo, et.,etc.
Como podrá verse de las numerosas y heterogéneas expresiones de la Nueva Era acabadas de mencionar, no es ella una religión en particular, pero ofrece una amplia gama de ofertas pseudoreligiosas, de credos y doctrinas a veces contradictorios entre sí. No es tampoco una filosofía, pero la implica y es de corte panteísta, monista e irracionalista. No es una secta, pero muchas han surgido bajo su cobijo. No es una sola comunidad como una organización visible, sino una “Red” o “Mega-Red” de grupos o tendencias. Es una hidra de mil cabezas que pretende llenar el vacío espiritual del hombre de nuestra época. Es también una oferta cargada de promesas halagüeñas y de ilusiones utópicas para un futuro de paz, fraternidad y prosperidad, como mostraremos a continuación.
LA ERA DE ACUARIO
Con base en la astrología (que carece de la validez científica) los sostenedores de la Nueva Era (en inglés “New Age”) creen que la humanidad ha pasado hasta ahora por siete ciclos cósmicos o eras, que son Leo, Cáncer, Géminis, Tauro, Aries, Saturno y Piscis. Esta última está siendo sustituida, o pronto lo será, por la de Acuario.
La era de Piscis (el pez) comenzó en el año primero del nacimiento de Cristo y se extiende hasta una fecha que varía, según los distintos autores, ya que para unos se inició en 1962, con la insurgencia de los hippies y, para otros, apenas comenzará dentro de 100 a 150 años. La era de Piscis se identifica con el cristianismo, al que culpan de todos los males que sufre el mundo actual.
La era de Acuario emerge ahora para remplazar a las religiones monoteístas, como la judía, la islámica y, muy en especial, a la cristiana.
Marilyn Ferguson, la gran sacerdotisa de la Nueva Era, en su libro “La Conspiración de Acuario “, (Edit. Cairos, Barcelona 5ª. Edición, 1994).habla de esa era como de una dulce “conspiración” (conspirar literalmente significa “respirar juntos”) y al explicar el motivo por el cual escogió el nombre de Acuario, expresa: “…el que tras una era violenta y oscura, la de Piscis, estamos entrando en un milenio de amor y luz, la “era de Acuario”, la figura del aguador en el antiguo zodiaco, símbolo de la corriente que viene a apagar una antigua sed, parece el símbolo adecuado” (p.20).
La Nueva Era, según la Ferguson, es portadora de una revolución por el cambio interior, caracterizado como cambio de mente o conciencia.(Cfr. P.26). Lo llama “cambio de paradigma” , o cambio de pensamiento (Cfr. P.27) . El punto de partida de este cambio no es la realidad exterior, como el cosmos, la naturaleza, la sociedad, o siquiera Dios, sino mi “yo”. Es, por tanto, un enfoque literalmente egocéntrico y narcisista.
Para la mencionada de la Nueva Era , el cambio se organiza espontáneamente como una “red” de pequeños grupos, que se suponen carentes de dirigentes, pero que “respiran juntos” para provocar la mutación del paradigma (p.23-258,124-126).
LO POSITIVO DE LA NUEVA ERA
La Nueva Era critica, con justa razón, el materialismo sofocante de nuestro tiempo, así como el eclipse de los valores espirituales y la falta de fraternidad entre los hombres. Protesta contra las guerras, la explotación inmisericorde de la naturaleza, el machismo y otras lacras que ensombrecen la vida actual y el futuro de la humanidad.
Predica la paz, la unión entre seres humanos, la tolerancia, el respeto por los derechos del hombre y con gusto milita en las causas del pacifismo, del feminismo y de la ecología. Elogia la meditación, ensalza la autoestima y subraya el pensar “positivo”. Y lo más importante de todo, hasta de la necesidad de una nueva espiritualidad. Todo esto, sin duda, forma parte amable de la Nueva Era.
LO NEGATIVO
La Nueva Era afirma que la espiritualidad que ella preconiza es compatible con todas las religiones y que a todas respeta, pero en realidad se propone eliminarlas, porque su meta es reemplazarlas por una sola a nivel mundial. R. Cedeño, en su “Catecismos del yo soy”, escribe: “10. ¿Cuál es la religión del futuro? La Nueva Religión Mundial”. “11. ¿Qué es la Nueva Religión Mundial? La Religión de la Nueva Era” (Op.Cit.p.20). Así se diseña para el porvenir una falsa tolerancia, una tolerancia intolerante frente a todas las religiones.
En efecto, lo que busca esta espiritualidad emergente es la creación de una nueva cultura, en sustitución de las existentes. Nueva cultura global con una sola economía, un solo Estado, y naturalmente, una sola religión que abarque el planeta entero y que preconiza la venida de un Cristo (“Maitreya”), que no es el Cristo de verdad.
Más adelante veremos que la religión que se postula no es la relación de la criatura con su Creador, sino la del hombre consigo mismo (autoidolatrìa). Esto hace que la nueva espiritualidad sea aparente y no real, puesto que finalmente, no es sino lo religioso vaciado de trascendencia, es decir, una religión sin Dios, Algo, así como un suculento sancocho de gallina… ¡pero!!
El núcleo autoidolàtrico de la Nueva Era viene acompañado de otras cosas que resultan igualmente incompatibles con la razón y con la fe cristiana, como el relativismo moral o moralidad “light”, que rechaza la cruz y el sufrimiento y que fragmenta el Decálogo, eliminando algunos mandamientos y mutilando o debilitando a otros. Así, por ejemplo, al predicar un amor meramente humano y sin dimensiones o motivaciones divinas, es decir, una fraternidad sin paternidad divina; o también, al bendecir las relaciones homosexuales, la eutanasia, etc., y, sobretodo al negar el pecado y afirmar que no hay diferencia entre el bien y el mal, como se verá luego. Es pues, una ética subjetivista, que se basa en el sentimiento y el gusto de cada uno y no en la revelación y en las normas objetivas del Decálogo.
Uno de los rasgos más criticables de la Nueva Era, es el uso de un lenguaje cristiano para expresar ideas profundamente contrarias al cristianismo. Hay en esta táctica astuta una inaceptable deslealtad, que, por ejemplo, utiliza frases de la Sagrada Biblia para hacerle decir lo diametralmente opuesto de lo que ella afirma. Los disfraces y caretas “cristianos” abarcan también los símbolos y las imágenes de la piedad cristiana, que se manipulan para seducir a los incautos.
Habla de Cristo, arrebatándole el carácter único e irrepetible del Hijo de Dios y negándole su misión de redimirlos del pecado. Y, lo peor, pretende que cristo, dizque, se encarna o resurge en “otros Cristos”, a la cabeza de los cuales estará
Un tal “Maitreya”, que ahora, en reemplazo de Jesús de Nazareth, muerto y resucitado, vendrá próximamente a gobernarnos y a darnos como regalo una era de paz, amor, bienestar y felicidad. Y no es menester mucha suspicacia para adivinar que en todo esto, se asoman ya las orejas del Anticristo y de la Satanocracia.
Veremos más adelante como la Nueva Era predica lo contrario de las grandes religiones monoteístas, y en especial del cristianismo, al afirmar:
- El panteísmo , en lugar de un Dios personal.
- Los hombres autoendiosados , en lugar de Dios único e irrepetible.
- La reencarnación, en lugar de la resurrección
- La inexistencia del bien y del mal, en lugar de la Moral.
- La omnipotencia de la mente humana, en lugar de la omnipotencia de Dios.
- La sumisión a los astros y a los poderes mágicos, en lugar del libre albedrío y la sumisión a la Providencia Divina.
- La negación del pecado, en lugar de la redención por obra de Jesucristo.
- La meditación egocéntrica, en lugar de la oración que abre el corazón del hombre a Dios.
- El amor del hombre por el hombre mismo y no por amor a Dios.
- Los “milagros” obrados por cuenta propia, en lugar de los causados por el poder de Dios.
- El endiosamiento de la naturaleza y de la tierra (“Gaia”), en lugar del respeto por la ecología.
- En fin, la Nueva Era de paz y felicidad como construcción meramente humana y no como regalo de Dios a los hombres que lo aman y libremente le obedecen.
- Finalmente, sacaremos como conclusión de todo lo que vamos a examinar, que la Nueva Era de “nueva”, no tiene en realidad nada.
Es la vieja farsa, mezcla de paganismo precristiano con fachadas cristianas,
Que repite el antiguo y primer pecado de Adán y Eva en el paraíso, el cual, a su vez, era repetición del mismísimo pecado de Lucifer y sus ángeles rebeldes, que quisieron ser dioses contra Dios.
Estamos, pues, en presencia de una gigantesca ofensiva del mal que se maquilla de bien, de las tinieblas disfrazadas de luz. Y esto se llama a extremar el consejo de Cristo de obrar como las vírgenes prudentes y no como las necias (Mt,25.1-13),
Y de “velar y orar” (Mt.26,41), para no caer en las viejas trampas y seducciones del Maligno.
I ¿QUE TODO ES DIOS?
Que Dios es todas las cosas y que todo es Dios, sostienen los seguidores de la Nueva Era. Basan su doctrina en afirmaciones sin prueba o en experiencias subjetivas, como las siguientes:
Marilyn Ferguson, gran sacerdotisa de la Nueva Era, en su conocida obra “La conspiración de Acuario”, expresa:
“En la novela corta de J.D. Salinger, Teddy, un adolescente espiritualmente precoz recuerda la experiencia de inmanencia de Dios, que tuvo mientras contemplaba a su hermanita bebiéndose un vaso de leche”. …De pronto vi que ella era Dios y que la leche era Dios, quiero decir, que yo no estaba haciendo otra cosa que verter a Dios en Dios…” (Edit. Cairos, Barcelona, 5ª. Edición, 1994, p.444)
La Colombia Hilda Strauss Cortissoz, dice: “Dios es absolutamente todo; lo animado y lo inanimado, lo visible y lo invisible… Dios se crea a sí mismo permanentemente. En el espacio infinito nacen y mueren estrellas. En la tierra se recrea constantemente en la mente de los hombres. Él se presenta en forma de niño en la calle, el borracho que da tumbos para llegar a casa. Él es el mismo científico brillante o ejecutivo que jamás tiene tiempo y retorna a su forma original en el trabajo de los seres evolucionados. Todas estas son formas suyas “. (“Evolución: El Único Camino”, Tomo I, Sigma Editores, Bogotá, 1995, pp. 41-42)
Y siguen las afirmaciones no demostradas ni filosófica ni científicamente, como esta de la conocida actriz norteamericana Shirley MacLaine.
“Todos somos parte de Dios, y Dios es parte de nosotros. No puede haber nada entre nosotros y Dios. Somos una misma cosa” (“Dentro de Mí”, Plaza y Janes Editores, Barcelona, 3ª. Edición, 1992, p.69)
La afirmación de que todo es Dios y Dios es todas las cosas, es doctrina conocida con el nombre de panteísmo (de “pan”, todo y “Theos”, Dios) y enseñada desde hace mucho tiempo por las religiones paganas del oriente, especialmente en la India y China. Pretenden ellas que todas las cosas del universo: astros, rocas, aguas, vegetales, animales, e incluso el hombre, son Dios o partes de un ser que se compone de todos los seres que existen.
Uno de los representantes más caracterizados de la Nueva Era. Benjamín Creme, llega a afirmar que hasta las cosas malas son parte de Dios.
¿Las fuerzas del Mal son parte de Dios? “Sí, por supuesto. Las Fuerzas del Mal son parte de Dios. No están separadas de Dios. Todo es Dios” (“La reaparición del Cristo y los Maestros de la Sabiduría”. Editorial Índigo. Barcelona, 2ª. Edición 1994, p. 100). Y todavía más, hasta el Anticristo, segùn Creme, también es parte de Dios!! (op.cit. p.99).
¿Qué decir de ésta filosofía panteísta? Ante todo, se impone una distinción. Ciertamente , Dios esta en todas las cosas, pero las cosas no son Dios ni él es el universo de lo existente, visible e invisible. Para entender mejor la diferencia entre ser y estar, basta un sencillo ejemplo: Cuando pienso en la cuchara que tengo en la mano, es verdad que está en mi pensamiento, pero ni ella es mi pensamiento ni es parte de mi ser.
La razón nos prueba que Dios hizo el mundo de la nada. Por tanto, Él es Creador y los seres todos del universo son meras criaturas dependientes de su Hacedor. La Biblia, de su lado, nos comprueba que el universo es obra de la omnipotencia, sabiduría y bondad d Dios y que Él no se identifica ni confunde con los seres que ha creado (Génesis, capítulos 1 y 2).
Y si bien es cierto, como expresa San Pablo que “en Dios vivimos, nos movemos y existimos…” (Hch. 17.28) también el apóstol de los gentiles, aclara que el Creador no se confunde con sus criaturas; “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es el Señor del cielo y la tierra… a todos de la vida, el aliento y todas las cosas” (Hch. 17, 24-25). Estas palabras de San Pablo nos permiten, nuevamente, otra comparación: El hecho de que el pez necesite existir, vivir y moverse dentro del agua, no significa que el agua sea el pez, o el pezsea el agua.
Ahora bien, la confusión del Creador con las criaturas equivale a rebajar a Dios y hacer de Él un ser contradictorio, a la vez material y espiritual, finito e infinito, uno múltiple, relativo y absoluto, bruto e inteligente, compuesto y simple, cambiante e inmutable, libre y dependiente, eterno y mortal, etc. Todo esto es un enorme atentado contra la razón, que prueba filosóficamente que Dios, por su naturaleza, es un espíritu puro, eterno, infinito, perfectísimo, bondadosísimo, sapientísimo y creador omnipotente de todo lo que existe, y por tanto, superior y anterior a todo el universo. Es un grave error, pues, identificar al Absoluto con lo que es absolutamente dependiente de Él.
Por otra parte, pretender que el mal es parte de Dios, no sólo es también contradicción manifiesta, como si se dijera que las tinieblas son elementos componentes de la luz, sino también grave injuria al Creador, que por su naturaleza es absolutamente inmaculado y no tiene parte alguna ni con el demonio ni con el pecado.
San Juan nos dice que: “Dios es amor” (1Jn.4,8).Y también que “es luz y que en Él no hay ninguna oscuridad” (1Jn. 1,5). San Pablo precisa que Dios no puede ser un sartal de contradicciones. “Por qué? ¿Qué tienen de común la justicia y la injusticia? O ¿Cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad?” (2 Cor.6.14).
No es de extrañar, entonces, que el panteísmo sea en el fondo un ateismo disfrazado y así lo dan a entender las siguientes frases de Benjamín Crame:
“En un sentido no hay tal cosa que sea Dios, Dios no existe. Y en otro sentido, que no hay nada sino Dios existe… Ustedes son Dios, yo soy Dios, este micrófono (con el que estoy hablando) es Dios. Esta mesa es Dios. Todo es Dios, y como todo es Dios, no hay Dios” (Op.Cit. p. 109)
Sin embargo, peor aún que ateismo disfrazado, el panteísmo de los de los novoeristas desemboca en una inaudita auoidolatrìa, como se verá más adelante,
II ¿QUE TODO LO QUE EXISTE ES UNO?
La Nueva Era afirma no sólo que todo es Dios (error que atrás se refutó), sino también que “todo es uno”, es decir, que la realidad no se compone de una formidable multiplicidad de seres diferentes, sino de uno solo y único.
Este segundo error se llama monismo y elimina las diferencias reales y profundas entre la persona que conoce y las cosas conocidas, entre el “yo” de cada uno y el universo que está ante él, entre el alma y el cuerpo, entre el espíritu y la materia, entre lo uno y lo múltiple. También elimina la diferencia entre personas (V.gr.yo no soy tú, yo no soy ustedes, etc.)
Hay, sin embargo, algo más grave: En el terreno ético el monismo elimina la diferencia entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, la verdad y la mentira, la luz y la oscuridad, etc. Todo esto equivale a abolir la moral y dejar sin piso los mandamientos del Decálogo. Para arribar a semejantes afirmaciones absurdas, los partidarios del a Nueva Era aducen que la experiencia de los estados de conciencia llamada ”alterada” o “expandida” (que se logran mediante la meditación e incluso por el uso de drogas psicodélicas), se llega a conocer la identidad de la mente con el mundo que nos rodea y de ser uno con él. Veamos algunos ejemplos:
La actriz Shierley Maclaine, relata en que en alguna ocasión en que se dio un baño de vapor, llego a creer que: “… poco a poco, me convertí en agua… Sentí la conexión íntima de mi respiración con el pulso de la energía a mí alrededor. De hecho, yo era el aire, el agua la oscuridad, las paredes, la espuma, la vela, las rocas mojadas bajo el agua y aún el sonido del río que corrìa afuera”. (“Auto n a Limb”, Bantam, New Cork, 1983, p.268).
También el físico Fritjof Capra, de quien se debería esperar pruebas objetivas y racionales para demostrar sus doctrinas monistas y panteístas, se basa en un acontecimiento subjetivo y similar al relatado por el artista MacLaine, como se puede leer en el pròlogo de su libro “El Tao de la Fìsica”, (Edit. Humanistas, Barcelona. 3ª edición, 1992, p. 111). Estas son sus palabras:
Hace cinco años tuve una hermosa experiencia que me puso en el camino que me ha llevado a la escritura de este libro. Estaba yo sentado junto al océano una tarde de verano cuando el sol ya caía, observando las olas arrollarse y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando de pronto me hice consciente de todo lo queme rodeaba como si estuviese envuelto en una gigantesca danza cósmica. Siendo físico, sabia que la arena, las rocas, el agua, el aire a mi alrededor estaban hechas de moléculas y átomos vibrantes, y que éstos se componían de partículas que se interrelacionaban unas con otras creando y destruyendo otras partículas. También sabía que la atmósfera de la tierra era bombardeada continuamente por lluvias de “rayos cósmicos”, partículas de alta energía que sufrían múltiples colisiones a medida que penetraban el aire. Todo esto me era familiar por mi investigación en la Física de alta energía, pero hasta ese momento sólo había experimentado esto a través de gráficos. Diagramas y teorías matemáticas. Cuando me senté en aquella playa, mis primera experiencias tomaron vida; yo “vi” cascadas de energía bajando del espacio exterior, en las que las partículas eran creadas y destruidas con un pulso rítmico; “vi” los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participando de esta danza cósmica de energía; sentí su ritmo y “oí” su sonido y en ese momento supe que ésta era la Danza de Shiva, el Señor de los Bailarines adorado por los hindúes”.
Hay que reiterar que el relato de Capra pertenece al género de lo indemostrable científica y racionalmente, dado su alto contenido de subjetividad y, por tanto, de darse en una zona psicológica propensa a los fenómenos de alucinación: Y un pesimismo mayor acerca de su verosimilidad se impone, si se tiene en cuanta que este estado alucinatorio puede provocarse según recomendación de muchos representados de la Nueva Era, hasta con drogas psicodélicas.
Estas experiencias, pues, no son válidas para lo que pretenden probar, porque en ellas, precisamente, la persona que las vive prescinde de su razón y de los estados de lucidez o de conciencia crítica para sumergirse en las zonas irracionales del alma, tales como el subconsciente o el inconsciente.
Bien al contrario de estas discutibles experiencias de las zonas oscuras del alma, las de la razón consciente nos muestran de manera irrefutable la tajante diferencia, por ejemplo, entre la rosa y la persona que la ve, entre el perfume y el que lo huele, entre el caballo y el jinete, entre los alimentos y el que lo come, entre la cama y el durmiente, etc.
También hay profunda diferencia entre la “meditación” de las pseudoreligiones de la Nueva Era y la de la auténtica mística del cristianismo, porque en ésta no hay fusión entre Dios y el hombre, sino unión amorosa entre ambos, no confusión de la naturaleza divina y la humana, sino participación de ésta en aquélla, pero conservando cada cual la distinción de su propio ser.
El monismo, que pretende reducir toda la variedad y la multiplicidad de los seres existentes a uno solo, contradice la razón del hombre y los testimonios más evidentes de su conciencia lúcida, por ejemplo, que yo no soy mi cuerpo y tampoco yo soy tu, y menos aún, que no soy las cosas que veo, pienso o conozco.
Ahora bien, que todos los seres del universo sean dependientes unos de otros y todos ellos de Dios, es una verdad comprobable. Pero el hecho de que todo esté relacionado (holismo), no puede confundirse con que todo sea uno. La tijera de la modista es aquélla o ésta. Cada uno tiene un ser diferente y querer hacer de todos ellos uno solo, es error monumental y craso.
III ¿QUE DIOS ES UNA ENERGÌA?
La nueva Era, en consonancia, en consonancia con su filosofía panteísta afirma que Dios es una energía o fuerza. Así, por ejemplo, lo sostiene Conny Méndez, sacerdotisa de la llamada “metafísica”, quien declara: “Dios es la energía en acción”. (“El Nuevo Pensamiento”, Caracas, 1981, p. 44.).
Ante todo se impone un distinción previa: Si por energía se entiende la actividad de la materia o ponencia activa de un organismo material para obrar o producir un efecto, tal como sucede, por ejemplo, con la fuerza muscular del hombre o de los animales, o con la fuerza del viento, de las aguas, de la electricidad, de los átomos, etc., entonces Dios no es una energía, pero tiene todas las energías, o dispone de todas ellas porque a todas las creó y a todas las gobierna , de modo directo o indirecto(causas segundas dependientes de la causa primera, que es Dios).
Si por energía no se entiende la capacidad de la materia de realizar un esfuerzo o trabajo, sino la potencia de los seres espirituales reconseguir lo que se proponen, entonces Dios es también, por encima de todos los espíritus, no sólo el poderoso, sino el todopoderoso y esto porque de su poder brotaron los poderes de los demás poderosos.
Más aún: Mientras, por ejemplo, entre el pensar del hombre y su obrar hay siempre una distancia, esto no ocurre en Dios. Su palabra es eficaz, lo que significa que se realiza necesariamente su pensamiento. No hay, pues, distancia entre su querer y los resultados. Así lo comprueba, por ejemplo, el Arcángel Gabriel, cuando explica a la Virgen Maria como habrá de concebir en su vientre al Hijo de Dios, sin intervención de varón alguno: “Porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc. 1,37).
Si Dios estuviera limitado, no sería Dios, porque lo que lo limita sería superior a El. Por eso es omnipotente. Pero Él ha establecido, por su propia voluntad, una sola limitación de su poder: La libertad del hombre, a quien hizo libre y quiere libre. Dios se detiene ante la libertad del hombre, incluso cuando éste peca, no por impotencia del Creador, sino por respeto a la dignidad del ser autónomo que creo.
Ahora bien, dentro del contexto panteísta de la Nueva Era, la afirmación de que Dios es una energía, lo rebaja a la condición de materia y de fuerza cósmica subordinada.
No sería un ser puramente espiritual, sin o materia sin espíritu, algo así como una especie de fuerte electricidad, o desvastadora potencia nuclear. Esto automáticamente privaría a Dios de su condición de persona y lo colocaría inclusiva más bajo que los ángeles, y que los mismos hombres.
Dios es persona y personas son también los ángeles y los seres humanos. Cada persona es un “otro” y un “tu”.Por eso puede haber diálogo y comunicación entre ellas. La persona es un ser inteligente y libre, capaz de pensar, querer, amar y ser santa, misericordiosa y justa. Dios hizo al hombre a su “imagen y semejanza” (Gen. 1,26). Cada persona, ángel u hombre, es un ser único, especial, irrepetible y dotado de una dignidad eminente.
Si Dios fuera una fuerza cósmica, poco o nada tendría que ver con la vida y la historia de los hombres. Pero, precisamente, porque es persona, se comunica en la creación. Se autocomunicó al pueblo de Israel y, en la plenitud de los tiempos, en su hijo Unigénito, que se encarnó y se entregó en Jesucristo para salvarnos.
En el “Credo del Pueblo de Dios”, promulgado por el difunto Papa Pablo VI, se describe en buena síntesis dos de los principales caracteres de la naturaleza divina y personal de Dios: “El es el que es”, como Él mismo reveló a Moisés (Ex. 3,14); Él es Amor, como nos enseño el apóstol Juan (1 Jn. 4,8): de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresa inefablemente la misma divina escencia de aquel que quiso manifestarse a sí mismo a nosotros…”
Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como “Padre, Hijo y espíritu Santo”. De este modo, Dios, uno en esencia y trino en personas, no es e manera alguna, una fuerza cósmica como lo pregona la Nueva Era.
Despersonalizar a Dios, convirtiéndolo en una energía indiferenciada y ciega, como la de la electricidad o la del átomo., no sólo es hacerle injuria y rebajarlo a nivel de las cosas, sino despersonalizar al mismo hombre,, lo cual lo disminuye a sí mismo al nivel de cosa. Flaco servicio le hace, pues, al ser humano la Nueva Era, aunque por otra parte, y en forma contradictoria, lo proclame Dios por cuenta propia y lo incite a la utoidolatrìa, como se verá más adelante.
IV ¿QUE CRISTO NO ES DIOS SINO UN GRAN MAESTRO?
Para los del Nueva Era, Cristo no es Jesús de Nazaerth, el Hijo de Dios hecho hombre; Mesías, Señor y Salvador, sino un “gran maestro”, un guía iluminado semejante a Buda, Zaratrusta, Lao-tsè, Mahoma, Moisés, etc.
Veamos por ejemplo, sobre lo que esto escribe el esoterista Benjamín Creme en su obra “La Reaparición del Cristo y los Maestros de la Sabiduría”.
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